SMARTCITIES

El fenómeno de las Smart Cities no se circunscribe a la Unión Europea. El desarrollo de las ciudades supone una preocupación a escala mundial ya que, según un estudio de la ONU de 2012, en el 2050, el 70% de la población mundial vivirá en ciudades, con los consecuentes problemas de gestión que ello conllevará.

Hace pocos días podíamos ver en las noticias como los niveles de contaminación de Pekín alcanzaron niveles extremos, alcanzando los 400 microgramos por metro cúbico, lo que supone multiplicar por 16 los niveles recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y esta es sólo una de las consecuencias del crecimiento descontrolado de las ciudades.

En la actualidad, las ciudades más pobladas del mundo se encuentran,principalmente, en China e India, con poblaciones que superan el número de habitantes de muchos países europeos (Shanghái con 23 millones de habitantes o Delhi con 22,6). Ciudades que además, continúan con un intenso ritmo de crecimiento.  Pero dejando de lado otras ciudades como El Cairo, con 24 millones de habitantes, Valle de México, con 20 millones, Yakarta con 19 millones, os llama la atención ciudades punteras y desarrolladas como son Nueva York, con 22 millones y Tokio que ha alcanzado la escalofriante cifra de 40 millones (prácticamente toda la población española condensada en una ciudad)

Es fácil imaginar las consecuencias que este desproporcionado número de habitantes tiene sobre el territorio, el consumo de recursos, la generación de residuos, la contaminación, la congestión del tráfico, etc. Pero además, el rápido crecimiento impide en muchos casos una correcta gestión y planificación de la ciudad, con los problemas añadidos que ello entraña.

Las ciudades inteligentes pretenden dotarse de herramientas y tecnologías que permitan una gestión eficiente de las ciudades, ofreciendo además, más y mejores servicios a los ciudadanos. Pero en el caso de las ciudades masificadas, la pregunta iría también en el sentido de intentar promover el policentrismo como estrategia de país, evitando macro-ciudades y el abandono del campo. Una estrategia inteligente de país, intentará asegurar que cualquier ciudadano, desde cualquier punto del país, dispusiera de los mismos servicios y oportunidades sin tener que desplazarse a la ciudad para intentar mejorar su calidad de vida.