DE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL A LA REVOLUCIÓN SMART

Últimamente, en grandes conferencias y foros profesionales que tratan de tecnología e innovación, se comenta que nos encontramos en un período sin precedentes en la historia, un período en el que debido a los rápidos cambios y avances tecnológicos, no podemos prever el futuro. Se trata de una afirmación que no deja de llamar la atención, debido a que seguramente las personas que vivieron la primera revolución industrial sentirían algo similar, pero con una gran diferencia. La diferencia la marcan hoy unas fuentes de información y comunicación globales que permiten conocer lo que está pasando en cualquier otro lugar así como obtener información en tiempo real de sucesos en cualquier lugar del mundo.

Paradójicamente, lo que suele ocurrir es que los grandes cambios se observan en perspectiva, y una vez que han acontecido, son definidos por la historia como puntos de inflexión que hicieron avanzar a la humanidad en uno u otro sentido.

No cabe duda que vivimos en una época de grandes cambios, producidos básicamente por la irrupción de internet y las nuevas tecnologías. Y que el período entre un avance tecnológico y otro es tan breve que apenas nos permite adaptarnos y profundizar en ese nuevo conocimiento. Nos hemos vuelto digitales, sin entender cómo funciona la tecnología, y lo que es mucho peor, sin prever sus efectos en nuestra vida.

Un ejemplo claro lo tenemos en la privacidad y la ciberseguridad. Los jóvenes de hoy no son conscientes de la importancia de la privacidad y del impacto que tienen las redes sociales en sus vidas. Se pierde el contacto personal a cambio de uno virtual que poco a poco reduce las relaciones humanas. Se desarrollan sensores y actuadores en ciudades inteligentes que recogen todo tipo de información para analizarla y supuestamente hacer una ciudad más inteligente, mientras que se invierte muy poco en proteger esa información y analizar los datos que se están utilizando. Se permite a grandes corporaciones vender datos que son propios, para generar perfiles y fomentar el consumismo en un planeta que está destruyendo y contaminando sus recursos naturales.

Toda esta vorágine exige que empecemos a pisar el freno y empezar a pensar el impacto que esta revolución Smart (Smartphone, Smart City, Smart Grid, Smart Transport, Smart Everything Everywhere) tiene y va a tener en nuestras vidas, y con toda esa información tomar decisiones realmente Smart que tengan como objetivo un incremento en la calidad de vida de las personas.

Muchas veces se ha oído la frase de que “la realidad supera siempre a la ficción”, y ello produce gran temor y un cierto escalofrío cuando estamos oyendo hablar de los avances de la robótica y la irrupción de la inteligencia artificial en nuestras vidas. Ya se habla de robots con sentimientos, y de los derechos de los robots, y eso que aún no los tenemos presentes en nuestras vidas…aunque cada vez falte menos. Una peligrosa analogía sería comparar nuestro futuro con la famosa película “Terminator”. El ser humano, en su insaciable curiosidad está trabajando en el desarrollo de máquinas cada vez más inteligentes, intentando dotarlas de sentimientos y de voluntad. Se pretende crear un ser superior, sin pensar que el ser superior siempre acaba con el inferior, y una muestra de ello es la historia de la propia humanidad.

Sin ser tremendista, ni estar en contra del desarrollo tecnológico, opino que es necesario establecer unos límites en la evolución que se pretende.

La tecnología facilita la vida, pero hoy en día todavía no ha supuesto un incremento en la calidad de vida de las personas. No ha promovido la igualdad ni ha ayudado a mejorar la situación de desequilibrio existente en el mundo, y no sólo entre países o regiones sino dentro de las mismas ciudades. La tecnología ofrece muchas posibilidades que deben explorarse y explotarse en beneficio del ser humano, consiguiendo equilibrios sociales y medio ambientales que conlleven una paz social y una regeneración de nuestro medio ambiente.

16/10/2017

La revolución Smart está cambiando nuestras vidas, pero debería ser a mejor y teniendo unos claros objetivos donde el ser humano ocupase el eje central.